sábado, 22 de noviembre de 2008

Los nuevos trabajadores de la muerte





La privatización de la guerra

La guerra es uno de los negocios más lucrativos del planeta, privilegio que comparte con la industria del sexo y el tráfico de drogas. Esta industria mueve anualmente 100 mil millones de dólares, no es de extrañar, entonces, que también operen en su seno las leyes de la explotación capitalista, con todo su libre mercado incluido. La privatización de la guerra es una realidad que, aunque oculta, empieza a mostrar ciertas verdades. Estos combatientes, sin dios ni bandera, que han hecho del arte de matar su oficio macabro, son la solución práctica a los nuevos desafíos bélicos que se avecinan.

Los mercenarios han existido desde el comienzo de los conflictos armados. Ellos no van al frente defendiendo el honor mancillado, la patria invadida, ni nada que se le parezca, pues son soldados que combaten por un salario o recompensa. Estos “trabajadores de la muerte”, también llamados “perros de guerra”, han proliferado en los últimos conflictos, especialmente desde la Guerra del Golfo. La razón es simple, son mucho más “económicos” y funcionales para los países que los soldados regulares.

Como las leyes del capitalismo lo mandan, ellos asesinan por contrato, es decir, venden su fuerza de trabajo por un sueldo, eso sí, reciben un salario mayor que un soldado común, pero a la larga, salen más baratos. Ellos vienen con formación militar, entonces el ejército no gasta nada en entrenamiento y capacitación. Tampoco reciben seguridad social; cuando termina su contrato se van sin jubilación y sí caen heridos o pierden la vida, no hay indemnización alguna.

Pero lo más peligroso y que vulnera cualquier tratado internacional, es que al no ser soldados regulares de un país, no están regidos por ninguna convención, es decir, pueden torturar y matar a destajo y nadie los puede vincular al país que prestan servicios, pues es una empresa privada quien realiza los “trabajos”. Negocio redondo y en eso los yanquis llevan la delantera, la mayoría de las empresas contratistas son norteamericanas.

Las guerras de intervención por parte de las principales potencias, encabezadas por EEUU, se han intensificado en los últimos años. Pero las cosas han cambiado desde la guerra en Afganistán. Innumerables acontecimientos ha obligado a reformular las estrategias y políticas bélicas, especialmente en Norteamérica. Un primer síntoma de esto es la falta de reclutas, lo que sumado a las limitaciones de las leyes humanitarias en la guerra (miedo a los tribunales internacionales), y a la oposición de una buena parte de los ciudadanos estadounidenses a mandar a sus jóvenes a la guerra, provocó que se intensificara la contratación de soldados privados, principalmente ex uniformados calificados, es decir, cuadros formados en operaciones especiales, tareas de inteligencia y actividades policiales en zonas hostiles. A estas nuevas adquisiciones las han denominados con eufemismos tales como contratistas, consultores, especialistas o escoltas, pero en realidad son la nueva cara de los mercenarios de antaño.

Nuevos datos, aportados por los propios países en conflicto, corroboran los hechos. Mientras que en la primer Guerra del Golfo (1991) había un mercenario por cada cincuenta soldados regulares, actualmente hay un mercenario cada diez militares.

Pero estos verdaderos ejércitos privados realizan otras labores paramilitares, tales como guardaespaldas de altos ejecutivos y empresarios, tareas de inteligencia, protección de instalaciones productivas, como pozos petroleros, minas de diamantes u oro, interrogatorios a prisioneros y un sin fin de otras actividades. Países como Bosnia, Pakistán Ruanda y Liberia son algunos de los que han conocido los servicios de estos mercenarios.

Asesinos del fin del mundo

Actualmente se calcula que en Iraq hay unos 18.000 mercenarios de muchas nacionalidades, las principales son , estadounidenses, bosnios, sudafricanos, indios, australianos, británicos y latinoamericanos, entre ellos, más de cien chilenos, en su mayoría ex militares y ex civiles de los servicios de seguridad de la dictadura de Pinochet. Ellos trabajan para la empresa Blackwater USA y el nexo en Chile es la empresa local grupo táctico.

También han probado suerte mercenarios chilenos en Haití, pero la experiencia no fue la mejor. De ello dieron cuenta el pasado mes de septiembre 25 de ellos, quienes fueron reclutados para formar parte de una empresa de seguridad encargada de resguardar los hogares de los gerentes de la compañía de telefonía celular "Digicel". La mayoría de ellos regresó al país denunciando irregularidades y compromisos no cumplidos, como sueldos impagos e inferiores a lo pactado. Todos acusan a Héctor Rojas Saavedra como el hombre que los contactó para llevarlos a Haití, personaje ligado a la armada y a la ex CNI.

La mayoría de los que van a pelear una guerra ajena lo hacen por los suculentos sueldos que se ofrecen, pero en este negocio macabro no todos son iguales, mientras el sueldo promedio para los sudamericanos fluctúan entre los 2500 a 5000 dólares, los mercenarios norteamericanos cobran de 9.000 a 12.000 dólares mensuales. Pero como en toda actividad laboral siempre existen explotados, los más mal pagados del continente son los peruanos, que se les cancela 1.000 dólares al mes, mientras la empresa contratista se lleva 30.000 dólares por cada efectivo peruano.

La guerra es un negocio de los poderosos, no cabe duda. Y un negocio demasiado rentable como para perderlo por falta de mano de obra. Al final, la solución está a la mano, libre mercado también para la muerte.

Su falsa democracia


El sistema electoral gringo es más raro que el binominal Pinochetista


En el país del norte un candidato presidencial puede ganar el voto popular de mayoría y perder la elección. Por su parte, el perdedor puede triunfar y llegar a la Casa Blanca sólo con ganar en 12 estados, todo a causa de un sistema electoral extraño y por definición antidemocrático. Eso ocurrió el año 2000, Al Gore tuvo la mayoría de los votos, pero George Bush se quedó con los laureles.

Créalo - en la”cuna de la democracia mundial”- no hay voto popular directo para elegir al presidente, pues al depositar el voto en la urna, uno está optando por un “elector” desconocido, quien es en definitiva el que determina al ganador. Tan raro y complejo resulta el proceso que hasta los propios gringos no lo entienden. Acá van algunas pinceladas de la joyita del Tío Sam.

Cada estado tiene asignado un número de votos electorales, que son igual al número de sus representantes federales más dos (el numero de representantes en la Cámara baja se determina en proporción a la población de cada estado por el censo; el número de senadores por cada estado siempre es dos). De esta manera, se define el colegio electoral alcanzando la cifra de 538. Esta entidad es la que según la Constitución elige al presidente del país.

El candidato presidencial que obtiene la mayoría del voto popular en cada estado gana todos los votos electorales, con la excepción de dos estados que dividen de manera proporcional el voto popular: Maine y Nebraska. De esta manera, un candidato sólo tiene que recibir más votos que sus adversarios para llevarse todo el estado, los perdedores se quedan sin pan ni pedazo, todo lo cual hace imposible la actuación de otros partidos menores y, al final, todo se decide entre demócratas y republicanos.

Para ganar la elección presidencial se requiere acumular 270 o más votos electorales, o sea, la mayoría de los 538 en total.

Sí nosotros pensábamos que nuestro antidemocrático sistema binominal era extraño, acá van otras rarezas del sistema gringo.

Se estima que más de cuatro millones de norteamericanos no pueden votar por estar presos, bajo libertad vigilada o simplemente por tener antecedentes penales. Algunos estados prohíben votar de por vida a los ex penitenciarios.

En cada elección miles de votantes, aunque formalmente inscritos, son luego excluidos de las listas electorales mediante una serie de trucos como el "caging", que permite eliminar a un elector si no contesta a una solicitud hecha por correo a su dirección. Entre las víctimas se encuentran los soldados estacionados en el extranjero.

En las elecciones del año 2000, en el estado de Florida, Jeb Bush, hermano de George W. Bush, contrató a una empresa llamada Database, para que hiciera una depuración de las listas electorales; el resultado, miles de electores legalmente inscritos fueron eliminados de los padrones. Como era de esperar, la mayoría de los ciudadanos excluidos fueron de color, latinos o miembros de otras minorías étnicas.

Otra curiosidad más es que se permite votar por anticipado, es decir, por correo. De la misma manera que el voto electrónico (computarizado), las dos formas altamente cuestionadas por su fácil adulteración. Coincidentemente las empresas mandatadas para realizar este trámite, están estrechamente ligadas al Partido Republicano. Para complicar más las cosas, cada estado o municipio determina el método de votación, ya sea con el típico papel y lápiz, cartón con bolígrafo, tarjeta perforada, medios electrónicos, etcétera.

Más antidemocrático resulta la acción conjunta entre los dos grandes partidos y los medios de comunicación, los cuales no permiten que terceros candidatos participen en ningún debate y hagan uso de tribunas públicas para dar a conocer sus planteamientos. Incluso existen reglamentaciones locales que impiden y restringen que candidatos de otros partidos puedan manifestarse en lugares públicos.

Para que un candidato independiente pueda presentarse como aspirante a la presidencia, debe presentar un millón de adhesiones en total.

Según datos de las últimas elecciones, cerca del 50% de los ciudadanos habilitados para votar no votan, y la abstención aumenta en cada proceso.

En el año 2004, el promedio de espera fue de 12 minutos en los barrios blancos y de 58 en los barrios negros y latinos.

Así son las cosas en la gran Norteamérica antidemocrática. A todas luces nuestro binominal criollo se queda corto.

Muere el Ángel custodio de Pinochet


-Los ex CNI intentaron resucitarlo, pero les falló el milagro


Sin pena ni gloria murió Miguel Ángel Pobrete, más conocido como el “vidente de Peñablanca”. La prensa festinó con la rareza de la historia, que comenzó en 1983, cuando el “vidente” aseguró haber hablado con la Virgen María, pero nada se dijo del montaje que los servicios de seguridad de la época, más específicamente la CNI, montaron para desvirtuar la crisis económica y el auge de las protestas que el país empezaba a experimentar.
Miguel Ángel Poblete Poblete nació en Curicó, el 27 de mayo de 1966. Su madre, de 15 años, debido a su condición de pobreza lo entregó al Servicio Nacional de Salud, cuando tenía sólo un mes y medio de vida. De ahí le siguió un duro transitar por diversos hogares de menores, que terminó en 1982 en el hogar Carlos van Buren de Villa Alemana. En ese contexto, la tarde del 12 de junio de 1983, su vida tomó un rumbo inesperado. Aquel día subió al cerro El Membrillar junto a dos amigos y, según su versión, mientras éstos aspiraban neoprén, la Virgen se apareció. La noticia recorrió la quinta región de inmediato. El primero de septiembre, más de 100 mil personas acudieron al sitio de las apariciones. A esas alturas la noticia ya se conocía en todo el país. La prensa se encargó de difundir los extraños sucesos, incluidos sangramientos espontáneos de Pobrete y la aparición de imágenes en los cielos. El cerro El Membrillar pasó automáticamente a llamarse “Monte Carmelo”.

En septiembre de 1983, el obispo de Valparaíso, Francisco de Borja Valenzuela, ordenó al sacerdote Jaime Fernández Montero encabezar una comisión investigadora. En poco más de un mes el juicio fue lapidario: en el lugar no había nada sobrenatural. A pesar de ello, en abril de 1984 el obispo creó una nueva comisión para investigar lo que allí sucedía. Esta vez, se invitó a cinco expertos de la Universidad Católica de Valparaíso (UCV). Cuatro meses después, las conclusiones coincidieron con la anterior: "El origen de todo este asunto, en la medida que resulta posible de ser investigado, lleva a pensar en un montaje, en parte, inconsciente y en parte deliberado y programado, ya sea por el mismo pretendido vidente, como por terceras personas, lo que induce a cuestionar la hipótesis de una iniciativa sobrenatural" sentenciaron.

Pero el asunto no quedó allí y el show siguió su curso. Lo que más llamaba la atención eran los “supuestos” mensajes políticos que la Madre de Dios expresaba, casi todos en contra de las protestas sociales de la época y con un discurso extremadamente anticomunista. El teólogo Gonzalo Ulloa, quien participó en la comisión investigadora, declaró más tarde que se encontraron elementos de sobra para desacreditar la "fluida comunicación entre Miguel Ángel Poblete y la madre de Dios". Entre los mensajes más curiosos que salieron de boca del “vidente” estaba: "la Señora dice que tenemos una hora para almorzar", "la Señora dice que podemos ir a mear", "La Señora dice que coman tierra". También se dice que la virgen le avisó del atentado a Augusto Pinochet y el “vidente”, cual ángel custodio, dio aviso oportuno al dictador, quien se salvó de milagro.

El milagro de la CNI

Al poco tiempo, los extraños vínculos de Miguel Ángel y sus cercanos, con funcionarios del gobierno de Pinochet, levantaron las primeras sospechas. Desde un comienzo en la Iglesia corrió el rumor de que la mano de la CNI (Central Nacional de Informaciones), estaba detrás de todo esto. Milagrosamente la visita de la Virgen coincidió con la emergencia de las protestas y con las primeras muestras de debilidad de la dictadura, pero fundamentalmente, desviaba la atención de la grave situación económica, expresada en la alta tasa de desempleo y los altos índices de pobreza.
Buses de la armada acarreando gente, las devotas damas de los centros de madres (CEMA Chile), que presidía Lucía Hiriart de Pinochet, en pleno. Lo cierto es que un grupo especializado de la CNI levantaba humo y proyectaba imágenes a distancia, algunos fueron más allá y aseguraron que las figuras que se formaban en el cielo (con forma de pez y de la Virgen), eran obra de aviones que despegaban de la base aeronaval El Belloto, entonces a cargo de la Armada.

Lo cierto es que el fenómeno decreció con el tiempo. En agosto del año 1989, Miguel Ángel “apareció” transformado en “mujer”, después de practicarse en Argentina una operación para cambiarse de sexo. Más tarde se cambió de nombre y formó una secta con uniformes militares y todo, desde entonces, los pocos fieles que quedaban, a llamaron Karol Romanoff. Pero las mentiras y la inventiva popular no amainó. El 20 de octubre de 1989 el diario "El Observador", de Quillota, publicó que Miguel Ángel había sido mamá de un niño, producto de la relación estrecha con un peruano desconocido. Pero la cosa siguió, el 30 de abril de 1993, se supo que lo expulsaron de Bolivia por tratar de inventar el mismo cuento, esta vez con una Virgen que lloraba.

El “vidente” murió el sábado 27 de septiembre, producto de una hemorragia digestiva, causada por una cirrosis alcohólica. A enterarse de su muerte, los miembros de su secta seudo-religiosa, lo velaron secretamente, su intención era esperar 4 días, pues esperaban la última señal del “profeta”. En el epílogo de su triste existencia, la Virgen no se apareció en el funeral de Miguel Ángel, tampoco los CNI de antaño. Al final, sólo un puñado de fieles lo acompañaron al cementerio, confiados hasta el cansancio, que realizaría su último milagro: resucitar de entre los muertos.

La pantalla se tiñe de sangre


El siniestro canal de Ricardo Claro

Para muchos chilenos Megavisión es un canal más en el espectro televisivo. Su oferta programática ofrece de todo y nadie cuestiona su orientación filosófica y política. Eso habla muy bien del manejo comunicacional de sus ejecutivos, que han sabido ocultar de maravilla su orientación ideológica. Hoy en día nadie tiene reparo en asistir a sus programas, actuar en sus teleseries, concurrir a sus noticiarios; ni siquiera los artistas ligados a la Concertación. Pero para muchos de nosotros, trabajar en Megavisión, no da lo mismo, sobre todo cuando su dueño, el empresario Ricardo Claro, ha transformado sus instalaciones en el refugio de oscuros personajes.

Mega, como cariñosamente lo llaman sus trabajadores, no sólo es un enclave de la derecha y los empresarios, sino también, un puesto de trabajo seguro para fieles seguidores de la añeja dictadura.

Un golpista a la cabeza

Acusar de golpista a Ricardo Claro es un anecdotario. Su pasado es mucho más que eso y lo liga a las violaciones a los Derechos Humanos. Para el 11 de septiembre, el empresario era parte del directorio de ELECMETAL, en esa calidad, entregó a los militares a un grupo de trabajadores para que los asesinaran. Los trabajadores José Devia, José Maldonado, Augusto Alcayaga, Miguel y Juan Fernández Cuevas, y Guillermo Flores, fueron asesinados brutalmente y sus cuerpos repartidos en diversas calles de Santiago.

También era dueño de la Compañía Sudamericana de Vapores al momento del golpe de Estado y facilitó sus barcos para que allí fueran torturados y hechos desaparecer muchos chilenos. Claro Valdés es dueño, además, de las empresas Cristalerías Chile, Viña SantaRita, Metrópolis-Intercom, El Diario, Bazuca.com y de Internet Holding, entre muchas más. Todo lo cual lo hace merecedor de un lugar en la revista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo, todo ello gracias a sus relaciones con quienes sometieron a Chile y sus trabajadores para despojarlos de las conquistas alcanzadas tras largos años de luchas.

Una fauna de miedo

En su casa televisiva, Claro le da trabajo desde hace años a una fauna de próceres de la dictadura, entre los que destaca el del cura Raúl Hasbún, que más allá de su verborrea anticomunista posee su propio historial asesino.

En marzo de 1973, se instaló en Concepción un canal de televisión filial del Canal 13 de la Universidad Católica, del que él era director, pero
que no contaba con permiso legal. El Gobierno, cumpliendo con las leyes, montó un aparato electrónico para interferir las transmisiones del canal pirata. Hasbún se contactó con Manuel Fuentes Wedling, de Patria y Libertad, para pedirle «ayuda» .Fuentes reunió a Michael Vernon Townley , alias «Juan Manolo», adiestrador de armamento de Patria y Libertad y agente de la CIA, además de los chilenos Rafael Undurraga Cruzat y Gustavo Etchepare. Con ellos formó un «equipo comando» que quedó a las órdenes del cura Raúl Hasbún, el cual planificó todos los detalles para entrar en la casa
de calle Freire 382, de Concepción, en donde estaban los equipos
electrónicos. El «comando» entró en la casa el 18 de marzo de 1973 robó
los equipos y asesinó al cuidador de la casa, el obrero Jorge Tomás Enríquez González. La investigación y el juicio contra el cura Hasbún por «autoría intelectual» de asesinato y robo con homicidio fue interrumpido por el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Todos los autores quedaron libres.

Hasbùn también ha sido llamado a declarar a los tribunales, pues fue reconocido por sobrevivientes de Villa Grimaldi, quienes aseguran que visitaba periódicamente dicho centro de torturas clandestino.

Otra que trabaja en Megavisión es Patricia Maldonado, quien ya no canta, sólo opina de farándula. La ex cantante de boleros, que fue comadre del dictador (Pinochet apadrinó a su hija), también tiene su pasado negro. Antigua militante demócrata cristiana, se especializó, tal como ella lo señaló alguna vez, en tomas de casas y terrenos, reconociendo que lo hacía armada y bajo instrucción del antiguo caudillo Luis Pareto. En plena dictadura, fue íntima amiga del ex jefe CNI, Alvaro Corbalàn, amistad que profesa hasta ahora.

Otro que llegó hace poco es el conductor de noticias Bernardo de la Maza. Para todos un periodista más, sin embargo, en febrero de 1975 se hace parte de un montaje efectuado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). En esa oportunidad, De La Maza participó de una conferencia de prensa de cuatro dirigentes del MIR que se encontraban prisioneros desde diciembre del año 74. En el comunicado, Cristián Mallol, Héctor Hernán González, José Carrasco y Humberto Menanteaux, fueron obligados, metralleta en mano a decir frente a las cámaras que el MIR estaba acabado y dando una lista de miristas muertos, desaparecidos y prisioneros, instaban a sus camaradas a abandonar la lucha. Luego del montaje, Carrasco y Menanteaux fueron asesinados.

La mentira como oficio

Capítulo aparte lo constituyen los periodistas estrellas de la casa televisiva de Claro, Claudio Sánchez y Julio López Blanco, otrora reconocidos reporteros de las mentiras de los milicos y colaboradores permanentes de la DINA. Hoy, sin embargo, son ángeles en desgracia, pues por estar involucrados como encubridores en un proceso judicial por secuestro y homicidio de seis integrantes de las familias Gallardo-Gangas", conocido como el "Montaje video Rinconada de Maipú", fueron sancionados por el Colegio de Periodistas.

En la oportunidad, los servicios de seguridad prepararon - junto a un grupo de periodistas incluidos Sánchez y López- un montaje para que se informara a la ciudadanía que seis “terroristas” del MIR y del Partido Comunista habían muerto la mañana de ese 19 de noviembre en el sector de Rinconada de Maipú, enfrentados con agentes de la DINA y funcionarios de la Policía Civil. Lo cierto es que las seis personas murieron en Villa Grimaldi a manos de agentes de la DINA que, antes de dispararles, quemaron sus cuerpos con agua y aceite caliente, mientras que a Catalina Gallardo Moreno le sacaron los ojos. Otra de las víctimas, Mónica del Carmen Pacheco Sánchez, estaba embarazada de tres meses.

Estos son los rostros públicos del canal de Claro, pero detrás de cámara deben estar, de seguro, unos cuantos más. Es por ello que no da lo mismo trabajar y aparecer en las pantallas de Megavisión. No es una canal más. Quien quiera asumir el costo que lo haga, pero deben saber que la pantalla que los cobija está, irremediablemente manchada de sangre.