viernes, 12 de junio de 2009

Secreta sospecha


En las cárceles clandestinas

a las mujeres las torturan el doble.

Sus captores intuyen, presienten, sospechan,

que en sus vientres de madres,

en sus ojos de niñas,

ellas guardan más secretos que los hombres.

Será posible que el Che guarde,

en su armario de sueños,

una polera con el rostro de cada uno de nosotros.

Mala fama


En un bar de buena vida

conocí una mujer de mala muerte

y yo, como soy un caso perdido

la invité a vivir la noche

como si fuera la última de nuestras vidas.

Las tres caras de la industria del salmón


Contaminación, depredación y explotación
Las tres caras de la industria del salmón


Nuestro mar austral se está convirtiendo en un gran basural. Así lo demuestra la investigación realizada por los científicos de la Universidad Católica del Norte, Martín Thiel e Iván Hinojosa. Cuatro años de estudio permitieron establecer que la basura no sólo compromete la biodiversidad marina, sino también la salud de las personas ante la eventualidad de consumir productos contaminados.

Entre los volúmenes de basura flotante encontrada, destacan el plumavit, que al particularse es ingerido por peces y aves acuáticas, las botellas y bidones plásticos y los sacos de alimentos para el salmón. Los responsables de esta situación son varios: las salmoneras, los cruceros que navegan por la zona y los distintos criaderos de choros.

Según el mismo estudio, la basura se está trasladando –producto de las corrientes– desde Chiloé a la región de Aysén y la Patagonia. Aunque no se pudo comprobar, los científicos alertaron que los desperdicios de las salmoneras –abandonadas en la X región– también podrían trasladar y propagar el virus ISA hacia zonas australes.

Las salmoneras

Pero no sólo existe basura en la superficie del mar. El fondo marino, el menos estudiado hasta hoy, ha tenido que soportar una explotación sistemática de la industria del salmón.

Luego de los embates del virus ISA, que dejó por las cuerdas la industria exportadora de este preciado pez, se evidenciaron las primeras voces de alarma. Según estudios de la ONG Ecoceanos, los desechos orgánicos, los nutrientes en la alimentación (fósforo y nitrógeno) y el abundante uso de tóxicos y colorantes que se aplican en la salmonicultura, han provocado un daño enorme en todo el fondo marino, con graves consecuencias a la fauna, al ecosistema, al ambiente y a la salud humana.

Sin embargo, el problema en el sur del país no termina ahí. A todo lo anterior, se debe agregar que el salmón es una especie introducida a nuestras aguas. Una especie depredadora, que se alimenta de otras especies; por ello, a los pescadores artesanales les alarman las continuas noticias que hablan de la fuga de miles de peces desde las jaulas-criaderos, sospechosamente en el mismo tiempo en que se declarada la emergencia del virus ISA.

El salmón es un pez que se alimenta de otros peces. Su alimento en cautiverio se compone, fundamentalmente, de harina y de aceite de pescado. En Chile se produce alimento peletizado para el salmón coho (Oncorhynchus kisucht), salmón del Atlántico (Salmo salar) y trucha arco iris (Oncorhynchys mykissharina, que se obtiene de otras especies como el jurel –disminuido en gran parte de las costas de Chile– y otras especies. Según el economista Marcel Claude, “para producir un kilo de salmón al menos se necesitan entre 3 a 5 kilos de pescado natural para producir el alimento que los salmones requieren. Entonces, si en Chile se producen 500 toneladas de salmón, se necesita al menos convertir en alimento un millón y medio de toneladas de pescado natural. No es despreciable entonces el impacto sobre los ecosistemas naturales”, señala.

Para proveer de alimento a la industria salmonera, entra a operar otra maquinaria destructiva; la pesca de arrastre. Actualmente, esta forma de pesca arrasa con la vida marina dentro y fuera de nuestras costas, al mismo tiempo que se ha convertido en el verdugo de la pesca artesanal.

Chile se ha convertido, en los últimos años, en el segundo productor mundial de salmones y truchas del mundo, ubicándose entre Noruega y Japón. Pero lo que pasa con esta multimillonaria empresa es lo mismo que sucede cuando estalla algún problema económico; los ricos empresarios nunca pierden. Afectados por el virus ISA y luego por los embates de la crisis financiera, se llevaron sus capitales y ganancias al exterior o más al sur del territorio, cerrando fábricas y dejando a cientos de compatriotas sin trabajo. Tal es su descaro que no se molestaron en sacar las jaulas, las que hoy adornan las aguas australes como fantasmas de un pasado exitoso.

Esta industria solo otorga logros y éxitos a sus dueños. Continuas fueron las denuncias sobre explotación de hombres y mujeres, de la subcontratación y la precariedad del trabajo. Más inconfesables sus prácticas de soltar peces infectados para deshacerse de los problemas, argumentando falsamente la rotura de las redes y jaulas de contención.

Y la cosa no es mejor desde la competencia, sus pares europeos, especialmente noruegos, acusan que los salmones nacionales poseen, en relación a los producidos en sus tierras, grandes cantidades de hormonas y antibióticos.

La última vela en este entierro la puso el gobierno, con su proyecto que pretende una velada privatización del mar chileno. De este modo, la Comisión de Pesca y Acuicultura de la Cámara de Diputados aprobó –el pasado miércoles 13 de mayo de 2009– , el proyecto de ley que cambia el estatuto jurídico de las concesiones de acuicultura, con el fin de que estas puedan pasar a ser propiedad de sus actuales usuarios, es decir, las empresas salmoneras.

Para los comensales del gobierno y los empresarios, el salmón es un exquisito plato en su mesa, para el medioambiente y los recursos naturales, un depredador que arrasa con un patrimonio que nos pertenece a todos.

Pablo Villagra Peñailillo

jueves, 4 de junio de 2009



La industria farmacéutica
Los cerdos tienen nombres


La Industria Farmacéutica a nivel mundial está haciendo su negocio. Primero lo hizo en nuestro país con el robo concertado de las farmacias y, ahora, lo hace a escala planetaria con la apocalíptica gripe porcina. Pero la verdad es otra y ella habla de una industria con serios problemas financieros, que sólo en el periodo 2008, dejó millonarias pérdidas al caer dramáticamente el precio de sus acciones en el mercado. La salvación la trajo una temida enfermedad contagiosa, la Influenza Humana AH1N1, elevada artificialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), al grado de pandemia. El negocio estaba cocinado desde antes, si no cómo se explica que el lunes 27 de abril la empresa farmacéutica Sanofi Aventis anunciara que inyectará 100 millones de euros en una nueva planta de vacunas y que donará 236,000 dosis a México como apoyo al control de la enfermedad. Finalmente, el 18 de mayo reafirma que está en condiciones de proveer una vacuna efectiva a un bajo costo, unos 6 dólares por dosis. Lo extraño del asunto es que Aventis es justamente una de las mayores empresas del rubro con pérdidas millonarias. La otra incógnita, es quien propagó la enfermedad y ahí aparece EEUU, que ya en el año 1972 atacó con el virus a la Isla de Cuba. El saldo: 500 mil cerdos sacrificados.

Distintos factores estaban amenazando la supervivencia de la industria farmacéutica. El principal eran los continuos conflictos legales entablados por ciudadanos y organizaciones de todo el mundo por la responsabilidad civil de sus productos. En segundo lugar, los conflictos al interior de la comunidad científica debido a los importantes adelantos en terapias naturales no patentadas que combaten y erradican de manera efectiva muchas de las enfermedades actuales. A todo lo anterior, había que sumar los conflictos ocasionados en la pérdida de credibilidad de la industria farmacéutica, por cuanto su política de alto costo en sus patentes limita el acceso a los medicamentos a una inmensa mayoría de personas, lo que provoca la muerte de millones en el mundo.

Así el modelo de negocio farmacéutico, a escala internacional, opera como un negocio más y, a la vez, también como un fraude.
Necesarios han sido décadas de esfuerzos para proteger su negocio. Por un lado para consolidar el monopolio de sus medicamentos patentados y, por otro, prohibir la difusión y proliferación de otras alternativas no patentables, como mucha de la medicina alternativa y natural.


Dime con quién andas y te diré quién eres

La industria como la conocemos tiene sus origen tras la II Guerra Mundial. A la cabeza encontramos al Grupo Rockefeller, que controlaba, a comienzos del siglo XX, más del 90% de la industria petroquímica en Estados Unidos
Después de la Standard Oil de Rockefeller (hoy Exxon), el segundo conglomerado de empresas farmacéuticas y petroquímicas más grande del mundo durante la primera mitad del siglo XX, fue del grupo IG Farben con sede en Alemania.
Este grupo empresarial fue un aporte significativo para financiar el ascenso de Hitler al poder. Luego de ello, su negocio se incrementó gracias al trabajo esclavo en campos de concentración y exterminio como Auschwitz. IG Farben fue la accionista principal de la Standard Oil de Rockefeller. El fin de la guerra terminó con los planes de expansión del imperio farmacéutico y petroquímico con sello nazi más importante del mundo. Su puesto fue ocupado por Standard Oil y las otras empresas farmacéuticas y petroquímicas del consorcio de Rockefeller. Tan criminal fue su participación, que muchos de sus altos ejecutivos fueron condenados por el Consejo de Crímenes de Guerra de Nuremberg de 1947, como culpables y condenados por crímenes contra la humanidad, tales como masacres, experimentos en seres humanos y muchos otros delitos. El Tribunal de Nuremberg también desmanteló el cartel IG Farben, estructurándolo en tres empresas: Hoechst, Bayer y BASF.

En la actualidad, Estados Unidos y Gran Bretaña son las dos naciones líderes del mundo en exportación de productos farmacéuticos. De hecho, dos de cada tres fármacos comercializados actualmente a escala mundial proceden de empresas de estos dos países.


La complicidad mundial

Su millonario negocio y sus continuos delitos requieren una maquinaria compleja a nivel mundial; para ello, las empresas farmacéuticas se valen de cientos de cómplices, los cuales operan desde el mundo de la ciencia y la medicina, validando sus fármacos y creando dependencia, desde los medios de comunicación y la publicidad, que promueven y masifican su uso y, finalmente, desde la política, con gobiernos y estados que han intervenido y manipulado sus legislaciones para fomentar el negocio de las enfermedades.

Tan a escala internacional es su negocio, que ha corrompido hasta la Organización Mundial de la Salud y otros organismos de Naciones Unidas. Entonces por qué no pensar que esta irrupción de la gripe porcina no es una estrategia para resituar su negocio. Pero no se equivoque, las teorías de la conspiración algo de cierto tienen. Si no, pregunte cuáles son los laboratorios que manejan en su poder las cepas de las más terroríficas enfermedades que han asolado el planeta. O quizás el pueblo de Cuba e Irak pueden responder. Certificados son los continuos ataques a su territorio por parte de los norteamericanos con el uso de armas químicas y biológicas prohibidas.

En 1972 fue introducido en Cuba el virus de la fiebre porcina, lo que obligó a sacrificar más de medio millón de cerdos. Entre 1979 y 1981, cuatro plagas afectaron a personas y cultivos de la isla: la conjuntivitis hemorrágica, el dengue, la roya de la caña de azúcar y el moho azul del tabaco.
Sólo en sus primeras semanas, el dengue hemorrágico afectó a 200 mil personas. La consecuencia fue un total de 158 cubanos muertos, de ellos, 101 fueron niños. ¿Para qué buscar más explicaciones? Las respuestas están a la vista, los cerdos tienen nombres.