
Por Pablo Villagra Peñailillo
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Mientras la movilización estudiantil se radicaliza y se extiende por todo el país, el alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett, la bancada de diputados DC, más la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, FECh, coinciden en condenar a quienes protestan sin la venia de la autoridad.
Mientras el edil hacía su parte amenazando con expulsar a los 75 estudiantes detenidos en el violento desalojo de la toma del liceo Barros Borgoño, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech) y siete federaciones más condenaban mediante declaración pública el “supuesto” intento de agresión contra el Ministro de Educación Joaquín Lavín por parte de alumnos de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), en una ceremonia en el Centro Cultural Gabriela Mistral de Santiago. Finalmente y aprovechando la oportunidad de agarrar unos segundos de cámara, la bancada demócrata cristiana y la comisión de educación, salieron presurosos a solidarizar con la honra del ministro mancillado.
Lo cierto es que los inquisidores de la protesta social olvidan contar la otra parte de la historia. Por ejemplo, que carabineros reprimió duramente en el desalojo de la toma del liceo Barros Borgoño. O la provocación del ministro Lavín contra la UTEM, señalando sarcásticamente que por ningún motivo matricularía a sus hijos ahí o, con un tono aún más altanero; declarando que se opondría personalmente a que acreditaran a la universidad. Al final, eso es lo que generó la indignación de los estudiantes, sobre todo cuando la solución a sus problemas se diluye en el tiempo y en la agonía de comisiones de trabajo poco participativas.
Por ello, el martes la cosa se puso color de hormiga, las funas y protestas contra el gobierno se sucedieron una tras otra. Primero Zalaquett salió corriendo a ocultarse en el auto municipal, luego que a la salida del Liceo Amunategui, un grupo de estudiantes lo increparan y lo taparan a insultos. Luego, fue el turno de Ena Von Baer en el norte del país, donde en pleno desfile del Morro de Arica, estudiantes y ecologistas lograron burlar el despliegue de seguridad y realizar una bulliciosa protesta. Como es la tradición, carabineros hizo su pega y detuvo a 15 manifestantes. Para cerrar la tarde, Joaquín Lavín palidece ante las cámaras cuando lo funan luego de concluir un ameno coloquio con los mandamases de las universidades privadas que celebraban el triunfo del lucro en la educación chilena.
Tanta alharaca por unos cuantos insultos y uno que otro palmetazo de impotencia. Tanta declaración rastrera cuando en las imágenes no se ve ninguna cabeza rota, ningún machucón por algún chorro de agua putrefacta, no se ve a nadie ahogado por gases tóxicos.
Lo cierto es que tanta solidaridad cobardona asusta. La Fech, sus federaciones satélites y el partido comunista, no puede pretender que la protesta social camine un transito uniforme. Y menos aún, no se puede inventar violencia donde no existe.
Señores dirigentes equivocan el rumbo. No es necesario que a la primera esgriman sus inmaculados papeles de antecedentes para congraciarse con la autoridad de turno. Es por ello que su declaración rastrera está demás. Bastaba con que reconocieran que el movimiento estudiantil es diverso y libre de caminar sus propios senderos.
La construcción y la conducción no puede ser una imposición. Lo que ustedes están intentando hacer es imponer sus métodos y satanizar al resto, al más puro estilo pinochetista. Que vendrá mañana, la retórica gastada de los infiltrados, los violentistas, el terrorismo talibán criollo.
Su coqueteo ambiguo con ángeles y demonios no me convence. Para que el casorio resulte, el zapateo debe ser en una misma fonda. No vaya a ser cosa que por tratar de controlar a un movimiento que tiene vida propia y, que peligrosamente se les escapa de las manos, terminen bailando solos y sin comparsa en la vereda de los cobardes.