
La industria farmacéutica
Los cerdos tienen nombres
La Industria Farmacéutica a nivel mundial está haciendo su negocio. Primero lo hizo en nuestro país con el robo concertado de las farmacias y, ahora, lo hace a escala planetaria con la apocalíptica gripe porcina. Pero la verdad es otra y ella habla de una industria con serios problemas financieros, que sólo en el periodo 2008, dejó millonarias pérdidas al caer dramáticamente el precio de sus acciones en el mercado. La salvación la trajo una temida enfermedad contagiosa, la Influenza Humana AH1N1, elevada artificialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), al grado de pandemia. El negocio estaba cocinado desde antes, si no cómo se explica que el lunes 27 de abril la empresa farmacéutica Sanofi Aventis anunciara que inyectará 100 millones de euros en una nueva planta de vacunas y que donará 236,000 dosis a México como apoyo al control de la enfermedad. Finalmente, el 18 de mayo reafirma que está en condiciones de proveer una vacuna efectiva a un bajo costo, unos 6 dólares por dosis. Lo extraño del asunto es que Aventis es justamente una de las mayores empresas del rubro con pérdidas millonarias. La otra incógnita, es quien propagó la enfermedad y ahí aparece EEUU, que ya en el año 1972 atacó con el virus a la Isla de Cuba. El saldo: 500 mil cerdos sacrificados.
Distintos factores estaban amenazando la supervivencia de la industria farmacéutica. El principal eran los continuos conflictos legales entablados por ciudadanos y organizaciones de todo el mundo por la responsabilidad civil de sus productos. En segundo lugar, los conflictos al interior de la comunidad científica debido a los importantes adelantos en terapias naturales no patentadas que combaten y erradican de manera efectiva muchas de las enfermedades actuales. A todo lo anterior, había que sumar los conflictos ocasionados en la pérdida de credibilidad de la industria farmacéutica, por cuanto su política de alto costo en sus patentes limita el acceso a los medicamentos a una inmensa mayoría de personas, lo que provoca la muerte de millones en el mundo.
Así el modelo de negocio farmacéutico, a escala internacional, opera como un negocio más y, a la vez, también como un fraude.
Necesarios han sido décadas de esfuerzos para proteger su negocio. Por un lado para consolidar el monopolio de sus medicamentos patentados y, por otro, prohibir la difusión y proliferación de otras alternativas no patentables, como mucha de la medicina alternativa y natural.
Dime con quién andas y te diré quién eres
La industria como la conocemos tiene sus origen tras la II Guerra Mundial. A la cabeza encontramos al Grupo Rockefeller, que controlaba, a comienzos del siglo XX, más del 90% de la industria petroquímica en Estados Unidos
Después de la Standard Oil de Rockefeller (hoy Exxon), el segundo conglomerado de empresas farmacéuticas y petroquímicas más grande del mundo durante la primera mitad del siglo XX, fue del grupo IG Farben con sede en Alemania.
Este grupo empresarial fue un aporte significativo para financiar el ascenso de Hitler al poder. Luego de ello, su negocio se incrementó gracias al trabajo esclavo en campos de concentración y exterminio como Auschwitz. IG Farben fue la accionista principal de la Standard Oil de Rockefeller. El fin de la guerra terminó con los planes de expansión del imperio farmacéutico y petroquímico con sello nazi más importante del mundo. Su puesto fue ocupado por Standard Oil y las otras empresas farmacéuticas y petroquímicas del consorcio de Rockefeller. Tan criminal fue su participación, que muchos de sus altos ejecutivos fueron condenados por el Consejo de Crímenes de Guerra de Nuremberg de 1947, como culpables y condenados por crímenes contra la humanidad, tales como masacres, experimentos en seres humanos y muchos otros delitos. El Tribunal de Nuremberg también desmanteló el cartel IG Farben, estructurándolo en tres empresas: Hoechst, Bayer y BASF.
En la actualidad, Estados Unidos y Gran Bretaña son las dos naciones líderes del mundo en exportación de productos farmacéuticos. De hecho, dos de cada tres fármacos comercializados actualmente a escala mundial proceden de empresas de estos dos países.
La complicidad mundial
Su millonario negocio y sus continuos delitos requieren una maquinaria compleja a nivel mundial; para ello, las empresas farmacéuticas se valen de cientos de cómplices, los cuales operan desde el mundo de la ciencia y la medicina, validando sus fármacos y creando dependencia, desde los medios de comunicación y la publicidad, que promueven y masifican su uso y, finalmente, desde la política, con gobiernos y estados que han intervenido y manipulado sus legislaciones para fomentar el negocio de las enfermedades.
Tan a escala internacional es su negocio, que ha corrompido hasta la Organización Mundial de la Salud y otros organismos de Naciones Unidas. Entonces por qué no pensar que esta irrupción de la gripe porcina no es una estrategia para resituar su negocio. Pero no se equivoque, las teorías de la conspiración algo de cierto tienen. Si no, pregunte cuáles son los laboratorios que manejan en su poder las cepas de las más terroríficas enfermedades que han asolado el planeta. O quizás el pueblo de Cuba e Irak pueden responder. Certificados son los continuos ataques a su territorio por parte de los norteamericanos con el uso de armas químicas y biológicas prohibidas.
En 1972 fue introducido en Cuba el virus de la fiebre porcina, lo que obligó a sacrificar más de medio millón de cerdos. Entre 1979 y 1981, cuatro plagas afectaron a personas y cultivos de la isla: la conjuntivitis hemorrágica, el dengue, la roya de la caña de azúcar y el moho azul del tabaco.
Sólo en sus primeras semanas, el dengue hemorrágico afectó a 200 mil personas. La consecuencia fue un total de 158 cubanos muertos, de ellos, 101 fueron niños. ¿Para qué buscar más explicaciones? Las respuestas están a la vista, los cerdos tienen nombres.
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