sábado, 22 de noviembre de 2008

La pantalla se tiñe de sangre


El siniestro canal de Ricardo Claro

Para muchos chilenos Megavisión es un canal más en el espectro televisivo. Su oferta programática ofrece de todo y nadie cuestiona su orientación filosófica y política. Eso habla muy bien del manejo comunicacional de sus ejecutivos, que han sabido ocultar de maravilla su orientación ideológica. Hoy en día nadie tiene reparo en asistir a sus programas, actuar en sus teleseries, concurrir a sus noticiarios; ni siquiera los artistas ligados a la Concertación. Pero para muchos de nosotros, trabajar en Megavisión, no da lo mismo, sobre todo cuando su dueño, el empresario Ricardo Claro, ha transformado sus instalaciones en el refugio de oscuros personajes.

Mega, como cariñosamente lo llaman sus trabajadores, no sólo es un enclave de la derecha y los empresarios, sino también, un puesto de trabajo seguro para fieles seguidores de la añeja dictadura.

Un golpista a la cabeza

Acusar de golpista a Ricardo Claro es un anecdotario. Su pasado es mucho más que eso y lo liga a las violaciones a los Derechos Humanos. Para el 11 de septiembre, el empresario era parte del directorio de ELECMETAL, en esa calidad, entregó a los militares a un grupo de trabajadores para que los asesinaran. Los trabajadores José Devia, José Maldonado, Augusto Alcayaga, Miguel y Juan Fernández Cuevas, y Guillermo Flores, fueron asesinados brutalmente y sus cuerpos repartidos en diversas calles de Santiago.

También era dueño de la Compañía Sudamericana de Vapores al momento del golpe de Estado y facilitó sus barcos para que allí fueran torturados y hechos desaparecer muchos chilenos. Claro Valdés es dueño, además, de las empresas Cristalerías Chile, Viña SantaRita, Metrópolis-Intercom, El Diario, Bazuca.com y de Internet Holding, entre muchas más. Todo lo cual lo hace merecedor de un lugar en la revista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo, todo ello gracias a sus relaciones con quienes sometieron a Chile y sus trabajadores para despojarlos de las conquistas alcanzadas tras largos años de luchas.

Una fauna de miedo

En su casa televisiva, Claro le da trabajo desde hace años a una fauna de próceres de la dictadura, entre los que destaca el del cura Raúl Hasbún, que más allá de su verborrea anticomunista posee su propio historial asesino.

En marzo de 1973, se instaló en Concepción un canal de televisión filial del Canal 13 de la Universidad Católica, del que él era director, pero
que no contaba con permiso legal. El Gobierno, cumpliendo con las leyes, montó un aparato electrónico para interferir las transmisiones del canal pirata. Hasbún se contactó con Manuel Fuentes Wedling, de Patria y Libertad, para pedirle «ayuda» .Fuentes reunió a Michael Vernon Townley , alias «Juan Manolo», adiestrador de armamento de Patria y Libertad y agente de la CIA, además de los chilenos Rafael Undurraga Cruzat y Gustavo Etchepare. Con ellos formó un «equipo comando» que quedó a las órdenes del cura Raúl Hasbún, el cual planificó todos los detalles para entrar en la casa
de calle Freire 382, de Concepción, en donde estaban los equipos
electrónicos. El «comando» entró en la casa el 18 de marzo de 1973 robó
los equipos y asesinó al cuidador de la casa, el obrero Jorge Tomás Enríquez González. La investigación y el juicio contra el cura Hasbún por «autoría intelectual» de asesinato y robo con homicidio fue interrumpido por el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Todos los autores quedaron libres.

Hasbùn también ha sido llamado a declarar a los tribunales, pues fue reconocido por sobrevivientes de Villa Grimaldi, quienes aseguran que visitaba periódicamente dicho centro de torturas clandestino.

Otra que trabaja en Megavisión es Patricia Maldonado, quien ya no canta, sólo opina de farándula. La ex cantante de boleros, que fue comadre del dictador (Pinochet apadrinó a su hija), también tiene su pasado negro. Antigua militante demócrata cristiana, se especializó, tal como ella lo señaló alguna vez, en tomas de casas y terrenos, reconociendo que lo hacía armada y bajo instrucción del antiguo caudillo Luis Pareto. En plena dictadura, fue íntima amiga del ex jefe CNI, Alvaro Corbalàn, amistad que profesa hasta ahora.

Otro que llegó hace poco es el conductor de noticias Bernardo de la Maza. Para todos un periodista más, sin embargo, en febrero de 1975 se hace parte de un montaje efectuado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). En esa oportunidad, De La Maza participó de una conferencia de prensa de cuatro dirigentes del MIR que se encontraban prisioneros desde diciembre del año 74. En el comunicado, Cristián Mallol, Héctor Hernán González, José Carrasco y Humberto Menanteaux, fueron obligados, metralleta en mano a decir frente a las cámaras que el MIR estaba acabado y dando una lista de miristas muertos, desaparecidos y prisioneros, instaban a sus camaradas a abandonar la lucha. Luego del montaje, Carrasco y Menanteaux fueron asesinados.

La mentira como oficio

Capítulo aparte lo constituyen los periodistas estrellas de la casa televisiva de Claro, Claudio Sánchez y Julio López Blanco, otrora reconocidos reporteros de las mentiras de los milicos y colaboradores permanentes de la DINA. Hoy, sin embargo, son ángeles en desgracia, pues por estar involucrados como encubridores en un proceso judicial por secuestro y homicidio de seis integrantes de las familias Gallardo-Gangas", conocido como el "Montaje video Rinconada de Maipú", fueron sancionados por el Colegio de Periodistas.

En la oportunidad, los servicios de seguridad prepararon - junto a un grupo de periodistas incluidos Sánchez y López- un montaje para que se informara a la ciudadanía que seis “terroristas” del MIR y del Partido Comunista habían muerto la mañana de ese 19 de noviembre en el sector de Rinconada de Maipú, enfrentados con agentes de la DINA y funcionarios de la Policía Civil. Lo cierto es que las seis personas murieron en Villa Grimaldi a manos de agentes de la DINA que, antes de dispararles, quemaron sus cuerpos con agua y aceite caliente, mientras que a Catalina Gallardo Moreno le sacaron los ojos. Otra de las víctimas, Mónica del Carmen Pacheco Sánchez, estaba embarazada de tres meses.

Estos son los rostros públicos del canal de Claro, pero detrás de cámara deben estar, de seguro, unos cuantos más. Es por ello que no da lo mismo trabajar y aparecer en las pantallas de Megavisión. No es una canal más. Quien quiera asumir el costo que lo haga, pero deben saber que la pantalla que los cobija está, irremediablemente manchada de sangre.

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