jueves, 9 de abril de 2009

Todo cambia y nada queda





Una enorme expectativa en el mundo causó el fenómeno Barack Obama. Su juramento presidencial recibió la venia y la simpatía de todos los sectores, como augurio de un futuro mejor para todos. ¿Pero qué de cierto hay en la ilusión de cambio que supone la administración del nuevo jerarca del país del norte?. Acá hay algunas luces para resolver esa incógnita.

El emblemático sociólogo e intelectual de la izquierda estadounidense, James Petras, expresó en un meticuloso artículo las conexiones de Obama y la extrema derecha judía. Ahí explica cómo el poder en las sombras del sionismo norteamericano le brindó todo su apoyo y le ayudó a escalar en el poder político.
Todo se corrobora al repasar los nombres que figuran el los cargos y asesorías más importantes de la nueva administración, donde aparecen varios políticos judíos.

Muchos piensan que Obama es el primer presidente judío y así lo confirma uno de los primeros patrocinadores del nuevo presidente, Abner Mikvner, importante portavoz sionista de EEUU, ex congresista, juez federal y consejero del Presidente Clinton durante su época en la Casa Blanca, quien expresó sin tapujos que “Barack Obama es el primer Presidente judío”.Tal afirmación sólo reafirma los vínculos de Obama con las máximas autoridades del Poder Sionista y su aparato político llamado “Ante todo, Israel”, al mismo tiempo que refuerza su compromiso irrestricto con el Estado de Israel.

Maquillaje capitalista

Los nuevos integrantes del gobierno de Barack Obama nos hacen pensar que nada va a cambiar cualitativamente en su administración, a lo sumo algunos maquillajes, como cerrar por un tiempo la base de Guantánamo y otras medidas efectistas. Lo cierto es que nombres como Clinton, Gates, Jones, Holder, Vol-cker, Summers, Emanuel, Richardson, no son nuevos y todos están ligados a la cúpula de la política estadounidense, la mayoría como funcionarios de la administración del ex gobierno de Bill Clinton.

Parece extraño que Obama predique “cambiar el mundo”, cuando es el mismo mundo que ellos crearon. Todos sus asesores son fieles ejecutores del modelo capitalista y todos ellos creen que la guerra y la agresión son la mejor arma de control. Pero lo más servil y rastrero son las voces que creen ver un cambio en el modelo de administración gringo, especialmente en la resolución pacífica de los conflictos en Oriente Medio. Se equivocan y para muestra un ejemplo, Susan Rice, flamante embajadora de EEUU en Naciones Unidas.

Rice, de 44 años, fue la principal asesora de asuntos internacionales de Obama en la campaña presidencial. Esta experta en asuntos de áfricanos, casada con un productor de la cadena ABC y con dos hijos, dio que hablar desde el principio de la contienda, cuando en medio de las primarias demócratas para elegir su candidato presidencial, la flamante embajadora dio un golpe magistral y se cambió de bando, apoyando a Obama en desmedro de Hillary Clinton, con cuyo entorno Rice tenía vínculos muy fuertes.
Bajo la tutela de su mentora, Madeleine Albright - quien fue embajadora ante Naciones Unidas durante la administración de Clinton, antes de convertirse en Secretaria de Estado – Susan Rice dio sus primeros pasos en política exterior como secretaria de Estado adjunta para África, cargo que asumió en 1997, cuando tenía 33 años.

En este puesto tuvo que lidiar con el genocidio ocurrido en Ruanda, donde gran parte de las potencias mundiales y sobre todo EEUU, no hicieron nada para evitar las masacres. Las críticas al gobierno estadounidense, y en especial a Rice, por su cómplice actitud pasiva, mientras hutus extremistas mataban a cientos de miles de tutsis y hutus moderados, es algo que aún golpea la conciencia y mancha el historial de la nueva embajadora en la ONU.

Todo cambia, es cierto, pero para Irak, Cuba y Gaza, nada bueno queda.

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